jueves, 5 de abril de 2007

El Lars orador

Planteamiento de la verdadera naturaleza del hombre, el leitmotiv de la condición humana en El jefe de todo esto. Ácida respuesta: la hipocresía y el absurdo en las relaciones sociales, aquí circunscritas al ámbito laboral

Tras dominar el drama con el musical Bailar en la oscuridad, Rompiendo las olas o la minimalista Dogville e incluso llevando a su terreno el género del terror, recordemos su serie The Kingdom, el cineasta danés Lars von Trier se atreve con la comedia. Giros tan hilarantes como imprevistos pueblan esta comedia que es, ante todo, alocada al disponer algunos personajes de más información que otros. A lo que incorporar una viñeta moral: el dueño de una empresa que usa a un presidente ficticio para vapulear a sus empleados.

Como perfeccionista compulsivo y, no obstante, conocedor de que nadie puede controlar completamente una imagen, von Trier rueda cámara en mano. Con el sistema Automavision realiza el encuadre deseado y pulsa un botón en el ordenador para obtener un mundo de posibilidades. Se limita la intervención humana liberando a la obra de las ataduras estéticas y la mano de la costumbre. Para sacarle el máximo rendimiento, no se procesan las tomas; en otras palabras, no se efectúan cambios de colores, ni se hacen mezclas de sonido, y el material se transfiere directamente a la copia final. En el caso de El jefe de todo esto también se prohibió una iluminación que no fuera la propia del decorado exterior o interior.

Quizá no sea casual que la trama se enmarque en una empresa informática, cuyos productos vienen definidos por su intangibilidad y, por tanto, la volatilidad de su valor. Lo mismo que con los personajes, excéntricos ingenieros necesitados de un afecto infantil que los vulnerabiliza ante una jefatura que, por otra parte, solo procura la estrategia idónea de motivación al menor coste y hasta que sean prescindibles.

Él la ha definido como su primera película “no política”, sus seguidores como su primera “no políticamente correcta”. Admitida su inclinación por rodearse de equipos muy reducidos para crear un halo de intimidad indispensable para la creatividad, es una película pequeña pero grande en alardes argumentativos.

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