La credibilidad se sustenta en la verosimilitud de los sentimientos experimentados por unos personajes inmejorablemente perfilados pese a su complejidad. A causa de una insegura dependencia casi adolescente, los personajes, aún inmaduros, no han aprendido a tomar las riendas de sus vidas y se acurrucan en la estabilidad de una existencia plana de miras encasilladas. Una forma de vida sitiada por el miedo y por una doble moral que castiga el mínimo atisbo de rebeldía.
Soberbiamente filmada, elaboradísimos planos, firma española en la espléndida fotografía. Si ya su ópera prima, En la habitación, cosechó elogios allá por donde pasó, Field confirma su status en la nada sencilla tarea cinematográfica. ¿Qué es lo mejor? Los apuntes ya especificados de su argumento parecen contundentes para responder; mas, tampoco su reparto de lujo pasa desapercibido —con esa inconmensurable talentosa Kate Winslet, la no menos brillante Jennifer Connelly y la revelación del secundario Earle Haley—; incluso su tráiler, de los mejores del año, construido sobre imágenes, silencios y una mágica banda sonora que avecina que no es un filme para masas.
Fracaso en la taquilla estadounidense pero ojo crítico de los académicos que la obsequiaron con tres nominaciones a las doradas estatuillas. Sobrevalorada o no, si lo que buscas es un desafiante mosaico emocional y social, tienes que verla. Eso sí, resulta imposible dejar de pensar en ella.


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